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República
de Nicaragua
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Transición
política
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A
partir de 1967 Anastacio Somoza fue electo presidente. En
su gobierno estableció un régimen autoritario
y cruel, que se apoyó en la Guardia Nacional para reprimir
cualquier oposición política. En 1971 derogó
la Constitución y disolvió la Asamblea Nacional.
En
1978, el país entró en un periodo de violencia
generalizada que desembocó en una verdadera guerra
civil. Las fuerzas opositoras dirigidas por el Frente Sandinista
de Liberación Nacional ascienden al poder e implementan
una política económica izquierdista que encuentra
contraparte en el gobierno de Estados Unidos. A partir de
1979, la aparición de grupos armados antisandinistas
provoca una radicalización del régimen y el
inicio de una nueva guerra civil.
En
las elecciones de noviembre de 1984, el candidato del FSNL
a la presidencia, Daniel Ortega Saavedra, ganó por
un amplio margen de votos. En su gobierno declaró el
estado de emergencia durante un año, bajo el cual se
suspendieron los derechos civiles. En 1988, la contra y los
sandinistas aceptaron una tregua, por lo que se firma en 1989
un acuerdo que supuso el desmantelamiento de la contra y la
realización de reformas constitucionales para garantizar
la celebración de elecciones, un año después,
con plenas libertades políticas.
En
1990 se celebraron elecciones generales en las que la Unión
Nacional Opositora (UNO) ganó la mayoría en
la Asamblea Nacional y Violeta Barrios de Chamorro fue elegida
presidenta. En 1993, la contra vuelve a tomar las armas protagonizando
una serie de actos violentos.
En
octubre de 1996 Nicaragua celebró nuevas elecciones
presidenciales; en estas Arnoldo Alemán, candidato
apoyado por los sectores aglutinados anteriormente en la UNO,
venció al dirigente del FSLN, Daniel Ortega. En enero
de 1997, Alemán tomó posesión de su cargo
como presidente. En 1999 se vive una crisis política
y socia motivada, entre otros asuntos, por la depuración,
iniciada por el gobierno de Alemán, de los sectores
vinculados al sandinismo en el Ejército de Nicaragua.
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Vida
interna del partido
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El
Frente Sandinista de Liberación Nacional es un partido
revolucionario, socialista con sello marxista-leninista, de
composición plural, sus documentos básicos muestran
un fuerte sello revolucionario anticolonialista, que se contrapone
al modelo de desarrollo liberal del país.
Cuenta
con una estructura firme y disciplinada, que no ha perdido
la cohesión al pasar de ser un partido de gobierno
a un partido institucionalizado, que utiliza comandos electorales
y fuerzas de choque en escenarios coyunturales. Las protestas
violentas que han protagonizado con sus grupos de presión
y sus constantes contradicciones han asociado al partido y
a sus líderes políticos como Daniel Ortega y
otros generales revolucionarios con la violencia, la represión
y la guerra.
En
su estructura y organización, destaca la existencia
de los órganos de representación municipales
y departamentales, el Congreso, la Asamblea Nacional y diversa
comisiones. Debido al limitado acceso a los medios de comunicación,
en sus campañas electorales utilizan voceros que filtran
información y realizan el cabildeo con los periodistas.
Después
de la derrota de 1990, el partido tuvo que separar el liderazgo
político partidario del liderazgo de gobierno y buscar
su autonomía como organización política.
La cohesión partidista recientemente se ha fortalecido
con la democratización de los procesos de selección
interna de candidatos, primero en alcaldías, regiones
y departamentos, y ahora con la figura presidencial.
La
firme identidad ideológica que caracteriza a los militantes
del partido representa una debilidad para poder conformar
alianzas; sin embargo, en la reciente elección se concertó
con la Unidad Social Cristiana.
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Renovación
estructural: acciones y resultados
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El
Frente Sandinista de Liberación Nacional ha transitado
de ideales revolucionarios ortodoxos a los de un socialismo
de composición plural, nacionalista que promueve un
estado democrático de derecho con responsabilidad social.
Este
cambio ideológico, su apertura y concertación
hacia grupo emergentes y el abandono paulatino de su actuación
coyuntural como grupo de choque, les ha permitido obtener
importantes triunfos electorales y recuperar la confianza
de algunos sectores, sobre todo en zonas urbanas. En las pasadas
elecciones de 2000 ganaron las alcaldías más
importantes del país.
Su
nueva estrategia política pretende desterrar la imagen
del terror y ofrecer planteamientos acordes con la nueva realidad
nacional, que apuntan, sobre todo, hacia la estabilidad y
la paz social. Han fortalecido su estructura de activismo
político y, aunque no han modificado su identidad corporativa,
han establecido pequeños cambios para disminuir el
sello bélico de sus símbolos.
En
últimas fechas, han buscado mantener una relación
de recíproca conveniencia con el gobierno liberal.
Sus diputados otorgan especial atención al ataque a
la corrupción, al análisis de las reformas de
leyes constitucionales, sociales y económicas, siempre
con una lógica negociadora, buscando el mayor nivel
de consenso.
Sin
embargo, no han logrado establecer una nueva relación
con los dueños de los medios, por la inclinación
que éstos tienen hacia la derecha; por lo que trabajan
intensamente con los periodistas para que la información
no les sea desfavorable.
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